CARTAS SIRIAS QUE NO SE OLVIDAN

Lejos de la costa no lloró. Abdel se quedó en Hama, quedó mirando el barco partir. Solo observó con curiosidad al gran navío por zarpar. Hace más de cien años, su padre Isa prometía un boleto de vuelta e ida, un abrazo reparador.

La suerte estaba echada. En Siria, los tambores de guerra azotaban. Argentina sería un buen refugio.

Luego vino el profundo silencio, las ausencias se repetirían, el vacío sería una constante en el pequeño Abdel. Al mirar La Noria, sentía que el tiempo es circular y que en otras aguas del río Orontes, se reencontrarían. Sin saberlo, esperó semanas, meses, décadas. Al caer la tarde, le pedirá al sol que no se olviden de él.

El fino hilo postal parece cortarse y, de repente, sus deseos son escuchados y desde el poniente llegan esos inimaginables y valiosos sobres, que le darán un lugar en el mundo. Ese mundo que, de no ser por su amor, nada lo cubrirá.

Abd muestra con orgullo su familia, lo más amado, sus finas y cuidadas sedas, que el grotesco paso del tiempo no pudo lastimar. Allí están, 60 años después los puedo ver, leer, sentir, abrazar. En una carta decía que por su corazón pasaba nuestra misma sangre y en otra nos enviaba besos dibujados en la palma de nuestra mano.

Gracias Abdel, son tan bellos y fuertes sentimientos que 60 años después los siento.

Rte.: José. Bisnieto de Isa Bitar y Nazira Srur. Sobrino nieto de Abd. Nieto de Adela.

PD: Por mi corazón pasa tu árabe y amable sangre. En mi palma de la mano, tu amor.

Texto: José Fernández ☆


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