El futbol fue nuestra pequeña venganza

Por: @josecomunicando /

Complicado expresar lo del 2 de abril. Para quienes vivimos el día a día de aquella guerra suicida, no sé como expresarlo, más aun cuando mi edad de niño (10 años) no me permitía entender lo que sucedía.
Pero claro, luego comprendí la demencial y criminal actitud de la Junta Militar para mandar a tantos jóvenes de 17,18 y 19 años a una guerra sin armas y dejarlos abandonados en el campo de batalla, contra una de las potencias mundiales.

Era claro: quienes no dudaron en exterminar a parte de la juventud unos años antes, no dudaron de mandarlos a una guerra totalmente despareja en 1982. Varios de esos oficiales y suboficiales entrenados en escuelas de guerra se rindieron sin hacer un solo disparo, y los conscriptos sin saber disparar, sin saber marchar o saludar a un oficial, combatieron con toda la fuerza y garra que tiene nuestro pueblo.

Las diferencias están claras: los “colimbas” luchaban contra los piratas Ingleses, los oficiales y mandos de la Junta Militar buscaban una salida decorosa al genocidio. Fórmula inimaginable, salvo en la cabeza de criminales que creen que un crimen se tapa con otro. Nos dejaron los muertos, nos dejaron mutilados, nos dejaron con deseos de olvido. Ahora me pregunto ¿Olvidamos?

Recuerdo aquella tarde, solo en casa con la televisión prendida viendo el partido contra los ingleses en 1986, solamente habían pasado 4 años, y Maradona corriendo como loco dejando ingleses tirados el piso sin poder detenerlo y ver primero ese gol con la mano y sentir que no importaba la trampa. Sencillamente era una forma de devolver los servicios prestados. Y luego ver cómo desde la mitad de la cancha, como si se tratara de jugadores inexpertos, los ingleses se quedaban parados, y no alcanzan a Maradona que culminaba en aquel gol que nos devolvía una pequeña parte, muy pequeña, de aquella dignidad perdida.

En él corrían todos los chicos de la guerra, los que no escaparon de la bala inglesa, ni del suicidio post guerra que nos impuso la junta militar.

Durante estos años pude hablar con esos muchachos ex combatientes, que solamente son 8 o 7 años más grandes que yo. Y en todos vi la derrota de la traición, la tristeza de dar todo mientras los mandos oficiales se cagaron en ellos. Vi sus miradas adolescentes (¿no se fijaron nunca en eso?, la gente queda congelada en su mirada), vi sus lagrimas detestando a Galtieri, lamentando a sus hermanos caídos en la Isla, en medio del frío, mientras el general tomaba su whisky. Algunos de aquellos chicos de la guerra me contaron que no duermen por las noches, otros que no saben como superar las fiestas y sus ruidos de juegos artificiales, otros que no paran de llorar, otros que no soportaron y se fueron.

En estos días siento como dice la canción, “… somos de la gloriosa juventud argentina, la que hizo el Cordobazo, la que peleó en Malvinas, a pesar de los golpes y de nuestros caídos, la tortura y el miedo, los desaparecidos, no nos han vencido”.

Comparto con ustedes algo que sintetiza aquello que anida en la tapada conciencia de nuestro pueblo. Dejando de lado toda connotación religiosa… … el fútbol fue nuestra pequeña venganza de la guerra.

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