El día que estallaron los globos de la alegría

Hace casi dos años escuchábamos a Gilda, y su: “… no me arrepiento de este amor…”, en un patético baile en el Balcón de la Rosada, acompañado de la promesa que al final del túnel oscuro, que debíamos transitar durante 6 meses, nos encontraríamos con la luz. La lluvia de inversiones sería la señal. El modelo de CEOcracia seria la forma y el mejor equipo de los últimos 50 años seria la conducción al éxito garantizado.

Pero nada nuevo traen, solo formulas repetidas desde los centros del poder financiero, con miradas complacientes al capital y arrodillados al mostrador del prestamista.

Achicar el gasto público es la consigna y cargarse a todo lo que esté en su camino para satisfacer demandas de equilibrio fiscal, (no social), además de permitir a quienes más ganan, de librarse de toda forma de tributar a la caja de estado y de ese modo meternos de lleno en un ciclo vicioso donde el empleo no crece, la recaudación cae, la producción se deteriora y el único lubricante para la economía es el mayor endeudamiento externo con su contrapartida de incremento de la deuda social, el pago puntual de la deuda externa, para volver a repetir nuevos pequeños ciclos de igual sentido, dejando a la gobernabilidad en manos del accionar represivo.

Lo ocurrido ayer en la afueras de Congreso es expresión de un nivel de conciencia de un gran sector del pueblo que a diferencia del 2001 salió en esta oportunidad de modo organizado, con objetivos claros, con perspectiva histórica de la hora que nos toca vivir y con la voluntad decidida de frenar las políticas de ajuste contra el pueblo.

El cacerolazo, manifestación no calculada por ningún sector político (de izquierda o derecha) es en si expresión de una crisis que se muestra más en lo político que en lo económico, pero que manifiesta un deterioro constante en el bolsillo, una pérdida poder adquisitivo y de credibilidad, de un gobierno que hace menos de un mes realizaba una elección histórica. En pocas palabras, las cacerolas sonando son un cimbronazo en una parte importante de la base macrista (clase media – media baja) que consideró que en esta nueva etapa viviría una mejoría económica.

Las multitudinarias marchas rodeando al Congreso con 250 mil o 350 mil personas, gran parte de ellas movilizadas de modo organizada, las cuales acorralaron a la CGT para que convoque a paro, es parte del factor no controlado por las formas de dominación (políticas – mediáticas) de un sector muy dinámico del pueblo trabajador (ocupado o desocupado) que interpreta un elemental concepto de la vida, que nunca se deben renunciar a derechos, menos si no son parte de ese exclusivo segmento del 10 o 15 % que no ha parado de beneficiarse en los últimos años.

Los coletazos políticos y sociales de lo ocurrido ayer y hoy aún no lo podemos ver con claridad, pero sin duda pondrá en jaque al debate del proyecto de reforma laboral, el cual estaba garantizado con el pacto entre gobierno y CGT. Sin duda lo que entro en juego fue un sector que mostró tener capacidad de irrumpir y desequilibrar en un juego donde todo estaba acordado con final cantado, donde la victoria sería para la CEOcracia.

Texto: @JoseComunicando

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