Confundiste tu trinchera y hoy mirás atónito como todo se va la mierda

De qué te sirvió mirar para otro lado mientras todo esto se cocinaba a fuego lento y muy advertido.
Ya sé que te preocupaba el fútbol o tenías necesidad de esa birrita que no podía esperar.
 
En el fondo sabías que no tenías justificación, pero buscaste y aceptaste justificativos desorbitantes para canalizar tu egotismo. “Que la tierra es plana”, “que las vacunas vienen con un chip”, “que no vas a prestar tu brazo para un experimento”, “que no es para tanto, que entre salud y economía optas por la economía”, olvidando que la vida es lo mas importante.
 
Reclamaste justificadamente ayuda económica, pero no permitiste que se golpee la puerta de quienes amasan fortunas y gritaste que le saquen a quienes menos tienen, buscando que los despojen de paupérrimos beneficios.
 
No te alcanzó con una juntadita, organizaste miles, no te fue suficiente una vueltita, organizaste salidas de decenas. Ni que hablar de la fiestita donde “no pasa nada”.
 
Cuando epidemiólogos y docentes dijeron que volver a clases activaría la cuenta regresiva de una bomba pandémica que ya estaba en curso, te reíste y tiraste por lo bajo: “ya no saben como justificar para no laburar”. Siempre te importó poco el sistema educativo, pero de repente pasando por alto las súplicas de no volver a clases, organizaste marchitas y cacerolazos para que abran las escuelas. Y gritaste que en las burbujas estamos a salvo, como si este problema se resumiera a eso.
 
Corriste a los medios de comunicación que buscaban mostrar las noticias que sus dueños necesitaban y te presentaste embanderado con la celeste y blanca, para hacer escuchar tu grito de libertad. La última vez que te vi fue el 25 de mayo, estabas tan revolución.
 
Ahora, luego de escuchar que no hay camas, que no hay oxigeno, que las ambulancias peregrinan por un lugar de internación, que son 5132 nuevos casos y las 43 muertes por culpa del bicho; ahora miras como el perro que acaba de romper el sillón y tiene que rendir cuentas. Si, miras para otro lado, porque no podés dar crédito de las consecuencias de tus palabras y actos. A esta altura me pregunto: ¿Te darás cuenta?
 
Pero mirá como es la vida de jodida y a la vez aleccionadora. Te la pasate los últimos meses agitando el fin de todas las restricciones y ejercitaste un costado que nunca imaginaste que moverías: el de reclamar. Ahora podes comenzar a aplicar lo aprendido para que aparezca una cama de internación, para tú familiar o amistad, o comenzar a imaginar de donde sacar aire.
 
A lo mejor, y es muy probable, te siga interesando tres carajos todo eso y sigas mirado para el costado, pero te advierto que está vez, cuando mires para ese otro lado, te faltará alguien y ya será demasiado tarde para ver.
 
Texto: José Fernández.-
 
Foto: José Hernández.-

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