El abrazo de la tarde eterna

Hoy pasé por la casa de Quinta Santa Ana. Pasé porque, de algún modo, los sentimientos siempre están, y en ellos, las personas que amamos y con quienes compartimos.

Me recordaba que, en un punto, soy de Belgrano por el abuelo Raúl. Y en un domingo por la tarde, en su habitación, escuchando un partido de la B en el cual ganamos y salimos campeones. No sé de qué copa. Y abrazados con el abuelo, llenos de emoción por aquel triunfo.

Aquella tarde eterna queda en mí y en ese abrazo en el cual él no contuvo las lágrimas.

Hoy Belgrano va por todo, y yo lo invoco para poder volver a fundirnos en ese abrazo.


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