Identidades en la calle: el dolor, la resistencia y las banderas que quedan en pie

Hace quince días, Belgrano derrotaba a River en el Kempes y se consagraba campeón. Hace apenas una semana, se encontraba el cuerpo sin vida y la horrorosa noticia de lo que había ocurrido con la niña Agostina de 14 años en Córdoba. Luego vino una contundente movilización popular de mujeres, por toda la Argentina, el 3 de junio. Y cuando estábamos transitando el dolor de esa pérdida, una noticia inesperada cayó como un rayo: la partida del Indio Solari nos dejó a todos más que conmocionados.

Lo importante, más allá del dolor, es que en estos momentos de profunda angustia nos encontramos como sociedad; nos abrazamos con una identidad desde las calles, donde se puede expresar nuestro sentir pero, a la par, construir o reafirmar nuestra lo que somos.

Faltan pocos días para que empiece un mundial que no despierta ninguna pasión, de un seleccionado que no ha logrado generar, por el momento, la atracción o empatía necesaria para el clima futbolero al cual siempre estuvimos acostumbrados antes de los mundiales. ¿Será que el hambre es grande, los salarios muy bajos, los discapacitados olvidados, los jubilados muy golpeados y la Argentina se desmembra todos los días un poquito?

¿Pueden creer los poderosos, los dueños del algoritmo, que con estas pérdidas están sepultando identidades e historias? Lo que no saben es que lo que se está construyendo y reafirmando es una nueva identidad. No tanto por ser distinta, sino porque, pese al dolor, hay un ser que se mantiene en pie y hoy tiene más banderas por las cuales luchar, sostenerse y levantar.

Son triunfos y derrotas, alegrías y dolor —mucho dolor en estos momentos—, pero esta es la historia del pueblo argentino, que siempre, de un modo u otro, encontró la forma de resistir, el lugar desde donde pensarse colectivamente y la forma desde donde proyectarse. Aquí, en este punto, con estas emociones desatadas y con estas reflexiones colectivas e identitarias, no hay algoritmo que pueda cambiarlo.

Texto: José Fernández

Foto: martinslazinskas


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