El Mundial de las restricciones: geopolítica, tecnología selectiva y el negocio que amenaza al fútbol

Por: José Fernández ⚽

Este Mundial de la FIFA va a ser histórico, no por su gran capacidad organizativa y despliegue tecnológico, sino por la cantidad de restricciones e injerencias del mercado dentro del deporte —como si ya no las hubiera— y, por sobre todas las cosas, por las arbitrariedades y discrecionalidades que nada tienen que ver con el deporte.

Los incidentes comenzaron con la no autorización del ingreso a los EE. UU. del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, convocado por la FIFA tras ser elegido Mejor Árbitro de África en 2025, bajo un argumento de seguridad a todas luces inválido. A esto se sumaron los excesivos controles de seguridad al equipo y al cuerpo técnico de Uzbekistán en la previa del amistoso frente a Países Bajos, y el interrogatorio de más de siete horas al delantero iraquí Aymen Hussein en el Aeropuerto Internacional O’Hare de Chicago por parte de las autoridades migratorias estadounidenses. Asimismo, a la llegada de la selección de Senegal a Estados Unidos, el plantel y el cuerpo técnico fueron sometidos a un estricto e inusual control de seguridad en la misma pista de aterrizaje, lo que generó un fuerte debate sobre el trato recibido.

Restricciones logísticas y lingüísticas

Lo más absurdo es la prohibición al seleccionado de Irán de establecer su base en el país donde va a disputar todos sus partidos del Grupo G. Si no fuese por la buena predisposición del gobierno de México, este seleccionado no tendría dónde alojarse. Lo más llamativo es que el equipo iraní no podrá quedarse en Estados Unidos y, al término de cada partido, tendrá que regresar a México para volver a ingresar horas antes de su siguiente disputa en la fase de grupos.

Las restricciones y los absurdos controles continúan con la excesiva demora, producto de la falta de autorización, a la aeronave que trasladaría al seleccionado uruguayo desde México a Estados Unidos. Esto también puede tomarse como una conducta administrativa que atenta y genera una lesión sobre la igualdad de condiciones de los seleccionados para alistarse en el terreno de juego.

Otro elemento restrictivo y discriminador, revestido de reglamento administrativo, es la prohibición de que las conferencias de prensa oficiales posteriores a los partidos se realicen en idioma castellano, obligando a que sean exclusivamente en inglés. Tomando en cuenta la profundidad cultural hispanoamericana de este deporte, su fuerte presencia en la región, que una de las sedes es un país hispanohablante y que el torneo se desarrolla en el continente americano, esta restricción, sin duda, no puede verse como otra cosa que un acto de discriminación frente a lo que no es la hegemonía de los Estados Unidos.

Dentro de la batería de injerencias de las potencias mundiales, se encuentra también la exigencia de la FIFA de modificar la camiseta diseñada por la Federación Haitiana y la marca colombiana Saeta. La prenda lucía una imagen representativa para celebrar la Batalla de Vertières de 1803, el combate que abrió el camino hacia la independencia del país y que para muchos haitianos representa el nacimiento de su nación.

Tecnología selectiva y fallos polémicos

En lo tecnológico, destaca la cantidad de dispositivos de seguimiento, control y cámaras sobre y dentro de la cancha. Por ejemplo, se incorporó una cámara en la cabeza del réferi para ver los movimientos desde esa perspectiva casi única. Sin embargo, en el partido entre Escocia y Haití, hubo dos situaciones de falta que hubieran generado un penal a favor de Haití; en una de ellas, el jugador escocés Grant Hanley interrumpió directamente la circulación de la pelota con el brazo dentro del área. Pese a la existencia del VAR, la cámara del réferi y el seguimiento minucioso de cinco o seis cámaras, estas jugadas dudosas no merecieron observación alguna. Esto derivó en el triunfo del seleccionado escocés, el cual solo fue posible gracias a estas omisiones arbitrales.

Esta falta de observación, aun con la tecnología desplegada, no se aplica para este Haití empobrecido, hambreado, castigado, golpeado y fragmentado hasta más no poder, que no podía ni por asomo acercarse a un empate contra una de las perlas coloniales de Europa. El 1-0 a favor de Escocia demuestra el poco desequilibrio futbolístico que existió, ya que, de haberse cobrado una o las dos claras faltas en el área chica, el resultado hubiese sido otro: posiblemente el justo dentro de la cancha, pero inaceptable para el establishment de la FIFA.

Un caso contrario de cómo la tecnología puede echar luz sobre la justicia de un gol ocurrió en el partido entre Suecia y Túnez. El tercer gol sueco parecía a simple vista una posición adelantada, pero la tecnología permitió analizar en vivo el comportamiento de la pelota —mediante un electrocardiograma— para determinar si había sido tocada por un compañero antes del gol. Esta finura tecnológica le dio los elementos al réferi para validar el gol legal. Todo este despliegue estuvo ausente o no se mostró en el partido entre Haití y Escocia.

La americanización del fútbol

Como si las injerencias de los EE. UU. fueran pocas, para este mundial se ha adquirido una dinámica de corte de juego a los 22 minutos. Para insertar pautas publicitarias, se ha inventado una escala de refrigeración para los jugadores; una medida arropada como conducta deportiva para cuidar a los atletas de alto rendimiento, pero que se transforma en un momento de mayor venta publicitaria. Esto nos asemeja a deportes norteamericanos como el básquet o el fútbol americano, que por sus características nativas tienen estos cortes comerciales.

En el fútbol, estos cortes no hacen más que enfriar el juego, desarticular a los equipos y hacerles perder la ebullición, el contragolpe y la capacidad creadora. Esperamos que estas decisiones antideportivas no se extiendan como una resolución de la FIFA para el resto de las asociaciones de la federación. Esperamos que esta medida no se prolongue, ya que sería una forma más de destruir el fútbol que tanto amamos y que tanto sentido popular tiene, al menos para esta región del mundo.

Este mundial será recordado como el mundial donde lo antideportivo y el antifútbol metieron la cola para hacer mierda al fútbol.


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