Por: José Fernández ![]()
Mientras la atención nacional se encandilaba con la épica futbolística de la Selección en la Copa del Mundo, 35 trabajadores cordobeses de Metalfor eran desvinculados por SMS. Un retrato brutal del cinismo corporativo y la fiexibilidad laboral.
Hay una geometría deliberada, casi perversa, en la sincronía de ciertas decisiones empresariales. Transcurría el dramático encuentro entre la Selección Argentina y Egipto por la Copa del Mundo. El país contenía la respiración frente a las pantallas; la atención colectiva, paralizada. En la planta que la firma Metalfor posee en Noetinger, Córdoba, la patronal había otorgado un gesto de aparente benevolencia: autorizó a los operarios a retirarse antes de sus puestos para seguir el cotejo. Sin embargo, no había generosidad alguna en la concesión; apenas media hora después, mientras el balón rodaba y las emociones se encendían, las pantallas de los celulares de 35 trabajadores no vibraron con una notificación de gol, sino con fríos mensajes de texto dictaminando que debían presentarse en el Correo Argentino a retirar sus telegramas de despido.
Esta acción premeditada, ejecutada bajo la forma de una emboscada afectiva y social, es quizás la expresión más acabada del cinismo y la prepotencia que habilita el nuevo marco legal de flexibilización laboral libertario, puesto en vigencia hace cuatro meses en la Argentina. Bajo la cobertura del festejo o la distracción del espectáculo deportivo, se puso en marcha el modus operandi de un modelo económico que deshumaniza, aún mas, el vínculo de trabajo y convierte la incertidumbre en la principal herramienta de disciplinamiento.
EL TRASFONDO INDUSTRIAL: ANATOMÍA DE UN DESPLOME SECTORIAL
Para comprender la magnitud del golpe, es preciso ubicar a Metalfor en el mapa productivo del país. Propiedad del grupo cordobés Bertotto Boglione y con sede central en Marcos Juárez.
Además de instalaciones en Brasil—, la empresa es un gigante histórico de la maquinaria agrícola. Su catálogo abarca desde sus emblemáticas pulverizadoras (tanto autopropulsadas como de arrastre) hasta fertilizadoras con inteligencia artificial (línea F7040), cosechadoras Axial, acoplados, tolvas y maquinaria frutihortícola. La planta de Noetinger opera centralmente como autopartista, fabricando los componentes esenciales para las pulverizadoras que se ensamblan en la sede matriz.
Sin embargo, la fortaleza industrial de antaño choca hoy con la crudeza del balance. Durante el primer trimestre del año, Metalfor registró una caída del 50% interanual en sus ventas, arrastrando una devastadora contracción de más del 90% en su rentabilidad inicial. Aunque el sector agropecuario insinuó tímidos brotes de recuperación en 2026 —con un mercado interno que absorbió 86 cosechadoras, 548 tractores y 76 pulverizadoras según ACARA—, la tracción del campo no logró amortiguar el desplome general del consumo y la producción, obligando a la empresa a reducir su actividad hasta un 50%.
PRECARIZACIÓN, ANGUSTIA Y EL ESPEJO DE LA CLASE TRABAJADORA
La cesantía de 35 operarios sobre una plantilla total de 146 representa la tajante amputación de casi una cuarta parte de la fuerza laboral en la planta de Noetinger. Lo que profundiza la angustia es el contexto de engaño y desinformación. La firma había iniciado los trámites para ingresar a un Proceso Preventivo de Crisis (PPC), una figura legal que, en la percepción teórica de las familias obreras, debía garantizar la estabilidad de los puestos de trabajo mientras se sustanciaban las audiencias en la Cámara de Trabajo. Sorprendentemente, ni los representantes de la patronal ni los directivos de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) del Departamento Unión brindaron precisiones a las bases.
Hoy, el fantasma del vaciamiento recorre los talleres. La empresa no ha formalizado aún la resolución del procedimiento de crisis, pero los rumores de nuevas tandas de despidos mantienen en vilo a los trabajadores que quedan.
En el plano futbolístico, Argentina dio ayer una muestra de coraje al revertir en los últimos 25 minutos un 2 a 0 adverso frente a Egipto para alzarse con un triunfo vibrante. Ese espíritu de remontada es el que hoy requiere con urgencia la clase trabajadora nacional. Frente a un modelo que erosiona conquistas históricas, vulnera la dignidad e intenta tapar la injusticia con el anestésico del espectáculo popular, se vuelve imperioso apelar a las reservas morales y a la memoria histórica de lucha. Que la pasión por la camiseta no borre la empatía; que el festejo de un gol jamás nos vuelva indiferentes ante el dolor del vecino que se queda sin su sustento.
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