Por: José Fernández ![]()
Pensar este partido 40 años después de aquel épico e histórico momento futbolístico de los goles de Maradona a Inglaterra —que vivimos tras la guerra de Malvinas— como si el hoy estuviese escindido de aquel hito es, sencillamente, una negación de nuestra identidad.
Con el correr de los días, luego de confirmarse el encuentro en semifinales entre Argentina e Inglaterra, la gente salió masivamente a blandir la rivalidad contra los ingleses, a mostrar mucho más allá de lo que ocurrirá en el campo de juego el próximo miércoles.
Será por eso que molesta profundamente, inquieta o incomoda que, en este contexto de auge de la ola libertaria, de abrazo a las ideas del pensamiento liberal y de vasallaje ante el imperio, reaparezca justo ahora una identidad argentina con un claro perfil antiimperialista. Esto apuró una descarga desde la derecha y sus usinas ideológicas, donde se pretende bajarle el precio al partido, descafeinarlo, banalizarlo y llevarlo al terreno de una falsa rivalidad o de una contingencia absolutamente circumstantial.
Pero la realidad es otra: la memoria emotiva aún late. No importa que el presidente prefiera a Margaret Thatcher por sobre los soldados que quedaron en Malvinas; no importa que Milei prefiera la acción pirata por sobre las jóvenes víctimas ahogadas y bombardeadas en el crucero General Belgrano.
Este miércoles nos volvemos a encontrar. No va a ser una tarde más: va a tener olor a pólvora antiimperial. Esperemos que la Selección esté a la altura de las circunstancias y de la identidad argentina, y no corra por los tirantes.
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